jueves, 28 de enero de 2016

La Biblia, La Tora, El Coran El Kebra Nagast unidos en Es-Presso





Primer Volumen de la Trilogía "Las Bebidas de Dios"


Al cumplir trece años, Manelek, un pastor etíope, recibe de su abuelo un secreto que deberá compartir con su gente en cuanto llegue el momento. Si bien el conocimiento del mismo no liberará a su pueblo de una terrible injusticia, si le confiere la fortaleza necesaria para sobrevivir a los malos tiempos que vivirán, hasta que la humanidad comprenda los motivos ¿atesorados? o ¿prisioneros? dentro de una pequeña nave viajera; un grano de café.
Las casualidades no existen en los renglones escritos de Dios, desde el Génesis Cristiano hasta el Corán del mundo Islámico sin omitir el escudriñamiento de los papiros Judíos que dictan La Torá y haciendo una forzosa escala en el Kebra Nagast, Etiopía; tierra diáspora por definición pero sagrada de vocación; no solo acompaña silenciosamente a la humanidad en todos los rincones del mundo, además de ser el “Pentáculo del Edén”, el epicentro del marco de ríos formadores de la cuadratura del círculo del mundo Abramánico [Gen 2 10:14], es por antonomasia el punto medio de la cruz filosófica, ese punto, donde las cuatro aristas de la pirámide ¿culminan? o ¿inician?
No es simple coincidencia su presencia en los movimientos históricos que “valga la redundancia” han marcado la historia; existe una misión que ¿Allah?, ¿Jehová? ¿Elohim? o ¿Yahweh? le confió desde la creación del Universo hasta el final de los tiempos. Del mismo modo que no es casual que las cinco cimas de la estrella religiosa sean las que fecunden su devoción, Judaísmo, Catolicismo Apostólico Romano, Islamismo, Catolicismo Copto Ortodoxo solamente pueden vivir juntos como cachorros de león, en un solo lugar del mundo, pero… ¿Cuál es la punta de la estrella?
  Para ello, vive en un mapa divino escrito por Dios la verdad que nos hará libres. Quien logre descifrarlo, habrá asegurado un lugar en la inmortalidad, quien no, se perderá en las arenas del olvido.
Tras el baptizo de su hijo Khaldi, Manelek, es secuestrado junto con su esposa, sus amigos y familiares para ser llevados a una gran fazenda brasileña donde padecerán las consecuencias de la esclavitud apenas unos cuantos años antes de ser decretada la Ley Aurea. Sin embargo, el corto periodo que dura su encierro es suficiente para llevarlo a poner en una delgada línea su fe por Dios. ¿Cómo seguir respetando y amando a un Dios que ha olvidado a su pueblo? ¿Cómo hacer que sus amigos y familiares no pierdan la esperanza, si él está a punto de ceder frente al demonio? ¿Vale la pena tanto dolor, por un simple grano?

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén” [Apocalipsis 22:21]


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